Muchas veces, cuando estamos a punto de convertirnos en madres (o padres) sentimos un miedo atroz a convertirnos en los padres y madres que tuvimos nosotros.

Suele decirse que esto es una maldición inevitable: que todos nos convertiremos en aquellos que nos criaron, si nos dan suficiente tiempo.

¿Cuánto hay de verdad en ello?

¿Por qué vas a parecerte mucho a tu madre?

Nuestra familia de origen es el espacio donde aprendimos las normas más básicas para relacionarnos. Cómo se cuida, cómo se habla, cómo se quiere.

Estas experiencias están grabadas a fuego en lo más profundo de nosotros, y generan ciertos patrones que tienden a repetirse con el tiempo.

A esto se le llama “transmisión intergeneracional del apego”, y es lo que conduce a que en muchas ocasiones, cuando tenemos alguna dificultad que no conseguimos resolver y acudimos a terapia, resulte tan útil escarbar en la historia familiar, preguntándonos no solo qué nos pasó a nosotros, sino también a nuestros padres y abuelos.

¿Qué hago con esa losa?

Incluso si tu relación con tu familia de origen es buena, es muy probable que sientas que ese destino te pesa. Todas queremos sentirnos personas únicas, que toman sus propias decisiones y se comportan en función de ellas.

La buena noticia es que eso es exactamente así: cada persona tiene la oportunidad de dejarse llevar por la inercia familiar acumulada en las generaciones anteriores… o de reflexionar sobre ella y preguntarse cuánto de esos modelos le vale y cuánto quiere dejar atrás.

¿Por qué me preocupa tanto ahora?

Cuando nos estamos preparando para nuestras propias criaturas, se produce un fenómeno llamado “transparencia psíquica”, que nos conecta de una forma mucho más directa que de costumbre con nuestros recuerdos infantiles.

Esto puede reabrir heridas que creíamos curadas, e incluso enseñarnos algunas que ni siquiera sabíamos que estaban allí. Pero también es una oportunidad inigualable para sanarlas: ahora que puedes sentir tan profundamente esas emociones, ¿qué te dicen si las escuchas?

De todas esas sensaciones puedes nutrirte para ir encontrando tu camino ahora que te toca invertir el rol. ¿Cuáles fueron las cosas más valiosas que te aportó tu familia? ¿Dónde te gustaría tomar otro camino, qué preferirías gestionar de otra manera?

Es un hermoso momento para convertirte en la madre o el padre que te hubiera gustado tener: aprovéchalo.


Referencias:

  • Besoain, C. y Santelices Álvarez, M.P. (2009). Transmisión Intergeneracional del Apego y Función Reflexiva Materna. Una Revisión. En Terapia psicológica, ISSN-e 0716-6184, Vol. 27, Nº. 1, 2009, págs. 113-118
  • Olza, I. (2012). La transparencia psíquica en el embarazo. En VV.AA. Maternidad y salud, ciencia, conciencia y experiencia. Madrid: Ministerio de Sanidad, políticas sociales e igualdad


1 comment on “Tú no eres tu madre… pero sí eres su hija

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