Cuanta más capacidad tengamos para naturalizar las emociones, incluso las desagradables o las que tienen mala fama, más fluidas serán las transiciones familiares, por complejas que resulten.
El miedo infantil es una emoción muy útil, pero necesita de la regulación que podemos enseñar las personas adultas. ¿Cómo acompañar los miedos de nuestros hijos e hijas?


