9 meses dentro del útero… y 9 meses en brazos.

Las personas nacemos extraordinariamente inmaduras. Las características biológicas de nuestra especie hacen que seamos vulnerables durante mucho más tiempo que las crías de otros mamíferos.

Recién nacidas, no tenemos la menor capacidad de sobrevivir por nosotras mismas. Para hacerlo necesitamos desesperadamente los cuidados adultos, y para acceder a ellos tenemos dos recursos básicos:

  • El enamoramiento. La forma en que los bebés nos resultan cautivadores, o cómo reaccionamos ante el olor de nuestros hijos e hijas, son mecanismos que trabajan en esta dirección. La gestación prepara para ello generando una serie de cambios cerebrales que nos acercan al bebé, pero la interacción con él produce el mismo efecto (más lentamente): toda la tribu puede terminar enamorada de la criatura y dispuesta a dedicarse totalmente a garantizar su bienestar. Por eso es importantísimo que el resto de figuras de apego se impliquen activamente en interactuar con la criatura, abriéndose a vivir el cambio.

Urie Bronfenbrenner, el psicólogo que desarrolló el método ecológico, asegura que para garantizar el desarrollo de la criatura, esta necesita “al menos un adulto que esté loco por ella”, que se dedique en cuerpo y alma, hasta un punto irracional.

  • El llanto. Muchas veces oímos hablar de un bebé que llora como si fuera una manipulación: por supuesto que lo es, ¡necesita que le prestemos atención! Lo que no es, es un capricho: el bebé siente que, sin esa dedicación, está en peligro.
    Para evitar los llantos, por tanto, no tenemos que recurrir a mecanismos de “desactivación” como dejarles llorar. Al contrario: un bebé que se siente seguro será también más tranquilo.

Abrazos y caricias

Necesitamos garantizarle a la criatura que estamos disponibles para ella aquí y ahora, y eso va a necesitar que pongamos nuestro cuerpo. Por eso, en los primeros meses es tan importante el contacto físico estrecho: coger en brazos al bebé o portear son prácticas que hacen que la criatura se sienta protegida, segura, querida.

A diferencia de los adultos, los bebés viven a través del cuerpo; son sensoriales, y no racionales; y viven en el presente antes que en el pasado o el futuro.

El masaje infantil es una práctica que puede ayudarnos también a acostumbrar al bebé a nuestro tacto: repasar su cuerpo con nuestras manos, ofreciéndole calor y suavidad, ayuda a que vaya explorando nuevas sensaciones corporales, tomando consciencia de sí mismo y de nuestro cariño.

Palabras y música

Nuestra voz, sobre todo la de la madre en los primeros meses, es un estímulo poderoso. Hablarle con frecuencia y dejar que “nos responda”, dentro de sus posibilidades, enseña a la criatura que cuenta con adultos que le escuchan, animándola a expresarse y mejorando no solo sus capacidades verbales futuras, sino también el vínculo.

En cualquier cultura del mundo se canta a los bebés: este mecanismo nos ayuda a estimular su desarrollo (verbal y musical) pero también a regular sus emociones.

Bebés de muy corta edad reaccionan con emociones profundas ante distintas canciones.

Miradas y sonrisas

Imprescindible es también mirar al bebé. Aunque es fácil caer en la tentación de atenderle mientras hacemos otra cosa (leer, ver la televisión, navegar por Internet…) debemos dedicar tiempo a mirarle fijamente, a sonreírle (¡con la boca y con los ojos!), permitiendo que se descubra en nuestros ojos, que nos sienta próximos y atentos, disfrutando de su compañía.

¿Te cuesta trabajo conciliar tus demás responsabilidades con esta demanda continua? ¡Normal!

Muchas veces sentimos esos momentos como una “trampa”, una pérdida de tiempo, y nos agobiamos pensando en todo lo que dejamos sin hacer. Pero recordemos que los recién nacidos nos necesitan próximos, abiertos a ellos, disponibles, y centrados en el ahora. Una práctica que puede ayudarnos mucho, también, a replantearnos nuestra relación con las tareas o calmar nuestra incertidumbre ante el futuro.

Estos momentos de plena atención a la criatura no solo no son una pérdida de tiempo, sino que son una inversión en su bienestar y en el nuestro.

Si quieres que te ayude a estar más presente, recuerda que puedes solicitar una sesión de acompañamiento para hablar de este tema o de cualquier otro que te preocupe.

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